El lenguaje corporal moldea nuestra identidad, Amy Cuddy

Nuestra postura corporal determina cómo nos sentimos.

Lo demuestra Amy Cuddy, una psicóloga Social americana conocida por sus investigaciones sobre el lenguaje corporal, los juicios y la dinámicas de poder que se establecen en las expresiones no verbales. 

Según Amy Cuddy, el lenguaje corporal es una forma de comunicación que influye, no sólo en los juicios de las personas con las que interaccionamos sino también en nosotros mismos: estamos influenciados por nuestras propias expresiones no verbales.

Compartimos con los primates expresiones no verbales de poder y dominio: así, cuando nos sentimos poderosos tendemos  a la expansión, a ocupar espacio con nuestro cuerpo. Se trata de una expresión de poder universal:  personas invidentes, que nunca han podido tomar como ejemplo estas expresiones de poder, también las muestran.

Sin embargo, cuando nos sentimos impotentes, ocupamos el menor espacio posible. Nos encogemos, nos envolvemos.

De este modo, en una interacción social, tendemos a complementar las expresiones no verbales del otro haciendo lo contrario:

* Con expresiones de inferioridad, si el otro se muestra poderoso.

* Con expresiones poder, si el otro se muestra inferior.

Esto puede observarse en el contexto de un aula. Habrá estudiantes que entren decididos directos hacia el centro y ocupando el máximo espacio posible. Otros, sin embargo, se sentarán sin apenas ocupar espacio y levantarán la mano del mismo modo: sin estirar del todo el brazo.

Aquí Amy Cuddy señala una cuestión de género: las mujeres tienden a levantar el brazo de este modo más “empequeñecido”, asociándolo a que se sienten – generalmente – menos poderosas que los hombres.

Precisamente se hallan diferencias por géneros en las notas de administración (las mujeres obtienen menores calificaciones) que se atribuyen a la menor participación en el aula del género femenino. Hay que tener en cuenta que esta participación supone un 50% de la nota.

Ante esta situación (mujeres que, sintiéndose menos poderosas participan menos en el aula obteniendo así menores calificaciones), Amy se pregunta: ¿y si lo fingimos? ¿Es posible que fingiendo que nos sentimos poderosos acabemos sintiéndonos así y mejoremos nuestros resultados, ya sea en calificaciones o en situaciones de la vida?

Sabemos que nuestro lenguaje corporal determina lo que piensan otras personas sobre nosotros. Pero ¿nuestros gestos verbales determinan también lo que pensamos sobre nosotros? Otra manera de plantearlo sería: ¿los cambios en nuestro cuerpo pueden producir cambios en nuestra mente referidos al poder?

Any Cuddy señala que el poder viene definido por los niveles de dos hormonas: la testosterona (hormona de la dominación)y el cortisol (hormona del estrés).

Tanto en primates como en personas líderes poderosas, los niveles de testosterona son elevados y los de cortisol bajos. El poder, por tanto, se relaciona también con nuestra reacción ante el estrés.

Amy Cuddy sostiene que sí hay evidencias de que el cuerpo puede cambiar la mente. Para ello propone un pequeño experimento: mantener una postura de poder durante 2 minutos. Los resultados se muestran en la siguiente tabla:

 POSTURAS PODERPOSTURAS DEBILIDAD
Riesgo a apostar86%60%
Niveles testosteronaIncremento del 20%Disminución del 20%
Niveles cortisolDisminución del 25%Aumento del 15%

Tras sólo 2 minutos de exposición a una postura corporal el cerebro configura cambios hormonales para sentirse poderoso y positivo o bien estresado y débil. Nuestras expresiones no verbales por tanto, sí nos dicen a nosotros mismos cómo nos sentimos: nuestro cuerpo cambia nuestra mente.

Este breve experimento de laboratorio puede aplicarse a la vida real para mejorarla. Cuando sientas miedo ante una entrevista de trabajo, o ante una exposición oral en clase, tómate dos minutos: encuentra algún lugar en el que puedas adoptar una posición de poder y mantenla durante esos dos minutos. “Finge” ese poder a través de la postura, configura tu cerebro para sentirte  más positivo.

No caigas en la tendencia que tenemos a exagerar la diferencia de poder: por ejemplo, cuando entres en una entrevista de trabajo, el entrevistador ostenta más poder que tú. No hagas que la distancia sea mayor de lo que ya es: ni te encojas de hombros, ni aprietes los brazos contra ti para no ocupar espacio. Expande tu cuerpo sin llegar a ser más dominante que la persona que te entrevista: apoya los brazos sobre el reposabrazos (así evitarás cruzarlos), mantén los pies separados y no cruces las piernas. Se trata de que expandas tu cuerpo sin dominar, ni empequeñecer. En el vídeo a continuación encontrarás ejemplos de posturas de poder.

Amy Cuddy nos advierte que este “fingir” no es eterno: al cabo de un tiempo de modificar tus posturas corporales, de actuar fingiendo que te sientes más poderoso, esta nueva configuración del cerebro se acaba integrando de manera que ya no finges sentirte poderoso sino que te acabas sintiendo realmente poderoso. Ya no necesitas repetírtelo: tu cuerpo ha cambiado tu mente y cómo te sientes.

La historia vital de Amy Cuddy- en el vídeo revela que tuvo que “fingir” durante algún tiempo- y su investigación nos regalan una herramienta muy potente: cambiando la postura corporal podemos cambiar cómo nos sentimos, cómo actuamos y de paso, ayudar a los demás.

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